Si tuviste oportunidad de visitar la exposición México Textil que concluyó el 11 de agosto, seguramente pudiste admirar una pieza del proyecto Xhiaruxxa, un taller experimental que nace de la necesidad de decir todo y a la vez nada a través del trabajo de la piel.

Adriana Monterrubio al lado de su pieza expuesta en México Textil del Museo de Arte Popular en la Ciudad de México. Fotografía de Adriana Monterrubio.
Hablar de procesos textiles actuales, es hablar de lana, algodón, estambre y de algunas telas comerciales, pero no debemos olvidar que el antecedente textil se remonta al uso de fibras vegetales y pieles para cubrir el cuerpo, por ello, el trabajo de la diseñadora Adriana Monterrubio, a través de Xhiaruxxa, retoma un proceso creativo de accesorios y textiles con detalles en piel.
Textil experimental elaborado en base de piel. Fotografía de Víctor Moreno.

Adriana Monterrubio se describe como un ente bastante inquieto. Originaria de San Pedro Pochutla, Oaxaca y de profesión administradora de empresas, pero por convicción aprendiz de artesana de talabartería.

Mi inquietud por el cuero realmente llegó por azares del destino. Tenía un amigo que se dedicaba a la talabartería y él me enseñó, porque pasó algo muy extraño. Habiendo estudiado muchas cosas, después de trabajar en diferentes lugares, no encontraba mi lugar. Si ganaba bien en el trabajo de oficina, pero no aspiraba a más, sentía que ese era el punto más alto al que podía llegar y no tenía mucho sentido para mí. 

Estando en Veracruz, mi papá se enfermó y viajé a la ciudad de Oaxaca. Comencé a trabajar ayudando a artesanos, porque yo había trabajado en la gestión cultural en Veracruz y tenía algo de experiencia. Así conocí a mi amigo talabartero. Comencé trabajando la piel y experimentando con los pedacitos que le sobraban a él, hasta que vió que había cosas que sí valían la pena y me dijo: – oye, ¿por qué no aprendes?, veo que si te gusta-.

Mi amigo no se dedicaba por completo a eso, era su hobby, y en su pueblo si se practicaba pero se perdió, así que él quiso aprender para regresar a su pueblo a enseñar; entonces, yo fui una de las afortunadas alumnas, él nunca había tenido una. Aprendí por un tiempo, después me regaló un costal de pedacería y me dijo: – que te ilumine Dios-. Fui a mi casa, improvisé una mesa y me puse a producir.

Lo primero que hice fue joyería, porque a mí me gustaban mucho los accesorios. Para mi sorpresa el primer mes se vendieron bastante bien, y eso me ayudó a hacer mi primer compra de piel. 

La verdad, eso me motivó mucho, y poco a poco, explorando con el mismo material, se fue encaminando lo que ahora es Xhiaruxxa, con las tres líneas: accesorios, interiorismo y obras de arte  basada en la experimentación, porque yo no soy diseñadora de carrera, no aprendí a prototipar, pero sí hago el boceto porque tengo habilidad para dibujar.

Xhiaruxxa empezó como un experimento y una vez pensado y cuando llegó el cuero fue bastante fácil estructurarlo por todos mis conocimientos en administración. La idea del proyecto me gustó mucho porque yo decidía todo, no había quién me dijera qué dibujar o cortar. A partir de eso lo dividí en dos líneas, la de producción libre; lo que se me daba la gana porque era mi capricho, y la producción que era por pedido. Entonces eso fue haciendo más especiales los productos y que la gente se acercara más, tenía un par de aretes que no tenía nadie ni lo volvería a tener, además de que las piezas finales son de calidad.

Cinturón de Xhiaruxxa. Fotografía de Adriana Monterrubio.
¿Cuáles han sido los retos ahora que está establecido Xhiaruxxa?

De entrada, dedicarme a la talabartería que es un oficio de hombres. Pero creo que el reto más complicado para mí, es que venga un cliente con un gusto más delicado que el mío. Porque a veces quieren cosas que no se pueden hacer, o vienen en otra sintonía de lo que es realmente la producción de un taller, piensan que se pueden hacer maravillas con poco y la realidad es que no se puede, por ejemplo: tiempos. Uno vive con el tiempo a cuestas porque no sabes cómo va a reaccionar el material, si necesita más secado o más teñido, muchas cuestiones que ni siquiera uno como talabartero o el curtidor puede controlar, porque son actividades separadas; curtiduría y talabartería son dos oficios diferentes pero intrínsecos.

Adriana trabajando la piel en su proceso creativo.
¿De dónde viene la inspiración para tus piezas? 

Yo salí de Pochutla a los 18, tengo muchos buenos recuerdos de mi pueblo, así es que la inspiración ha sido de Pochutla, las texturas, los colores. Todavía sigo yendo porque mis padres viven allá, y estoy muy familiarizada con todo, los atardeceres, el mar, la vegetación que existe ahí es impresionante, mucha de ella es de la costa y obviamente de Oaxaca en general, pero sí intento que siempre tenga algo de mi tierra, como una semilla con la que jugábamos en la niñez. 

Por ejemplo, el collar que hice para la exposición México Textil del Museo de Arte Popular, las semillas de ese accesorio están inspiradas en la semilla del pochote. El pochote se da en Pochutla, que significa lugar de pochotes. Y las plumas de cuervo son como recordar al zanate negro, a la iguana negra, al color que siempre se ha caracterizado en la costa, en la piel. Todos estos elementos están siempre presentes aunque yo no lo quiera, es como un subconsciente, salen en automático. 

Realmente lo que ha facilitado que a la gente le guste mucho Xhiaruxxa es que yo soy intermediario, pero al final lo que habla es mi cerebro, mi subconsciente, mis manos y mi sentir; creo que yo soy un medio solamente para que la gente logre entender todo lo que se hace desde aquí. 

Cartera de piel Xhiaruxxa. Fotografía Adriana Monterrubio.
¿Cuánto tiempo pasa desde que planeas una pieza, se diseña o tienes la idea hasta tener el producto final? 

Yo más o menos me tardo como un mes o mes y medio, sobre todo porque no me gusta sacrificar el costo de mis piezas. Una vez que el cliente hace el pedido, yo tengo ese mes o mes y medio hasta que llega la piel y la trabajo. Trabajo un rato una pieza y luego otra, porque me aburro si hago una sola pieza en el día, a menos que ya tenga el tiempo encima y no haya salido la piel u otras circunstancias, por ejemplo, cuando uso tintes naturales no sale el tono la primera, entonces sí, estoy mañana, tarde y noche con la misma pieza, pero trato de no caer en ese vicio, porque así es cuando más me estreso y me duelen las manos, así menos avanzo. 

A veces es muy necesaria la adrenalina, pero a la vuelta de la esquina es bien cansado porque entrego y quiero dos días de descanso y es un tiempo que no puedo perder en producción.

Hay piezas que toman mucho más tiempo porque implican desde el boceto, que el cliente lo apruebe, luego pasarlo a un prototipo que a veces hacemos de tela o de cartón, en otras el cliente paga el prototipo en piel, como pieza unitaria, y si le convence, entonces hacemos lo demás. Esa es toda una planeación, mientras el cliente esté dispuesto a hacerla, no es de un día para otro. 

Me siento muy afortunada, por mucho tiempo no encontré mi lugar, hasta que trabajé con el cuero supe que había esta posibilidad, de tener un lugar donde sentirte a gusto y hacer cosas que la gente te compre porque les gustan, que te paguen por eso está muy chido. 

El cuero se volvió una extensión de mi cuerpo, porque desde que lo tomé y comencé a hacer cosas, no he parado. Cuando mi maestro vió los primeros dibujos que hice, me dijo que manejaba muy bien el cautín y el pirógrafo, y yo nunca había visto esa herramienta; sabía que se podía hacer algo así, pero jamás la había tenido en mis manos. Mi papá es pintor rotulista y mi mamá modista, así que tengo la habilidad para dibujar, siempre me la potenciaron. 

Éste oficio es muy cansado, requiere mucha energía, determinación y paciencia, porque el cuero tiene su grado de complejidad, hay que estudiarlo, monitorearlo e ir anotando cosas; todo es precisión, cada paso asegura un producto feliz al final del día. estoy satisfecha con lo que logré y el cliente está satisfecho.

Como, vivo, respiro, todo el día huelo cuero. Ya no puedo concebir mi vida sin él, hasta que me muera haré esto. 


Porta vino o mezcal de Xhiaruxxa. Fotografía de Adriana Monterrubio.
¿Cuántas horas al día dedicas a trabajar en tu estudio?

Varían dependiendo del trabajo, pero por lo regular, entre 10 y 11 horas diarias, a veces hasta 15 ó 16. Tengo un día o dos de descanso. 

Trato de encontrar un punto medio porque tengo casa y estudio en un mismo lugar, entonces hay días que no salgo para nada, y a veces ya llevo 4 ó 5 días metida; pierdo la noción del tiempo, sobre qué sucedió afuera de mi casa; cuando son cosas innecesarias, les presto poca atención. 

No ha sido nada fácil, ha sido un reto el posicionar un proyecto como marca, que al final, no me gusta conceptuarlo así, es más como un laboratorio de experimentos, por eso le puse “estudio”, porque es un lugar donde se estudia el material y resultan productos para vender, pero también quiero hacer experimentación, y más adelante, investigación. Por eso no lo veo como una marca o un showroom, ¡que no está mal! Hay quienes aplican perfecto para esos conceptos, pero yo no me defino así. 

El plan es que evolucione; el porcentaje de productos utilitarios, o artefactos, es el mínimo de lo que yo quiero hacer. Quiero hacer más investigación, y de ahí la experimentación, que se deriva en exposiciones, para llevarlo a plataformas de arte, de diseño, de arte textil, porque a fin de cuentas, el cuero es una fibra que se utilizaba para vestir; y producción, porque de alguna manera es lo que mantiene el taller.

Nada ha sido casual, tener administración, gestión cultural, estar inmersa en Oaxaca, tener tantos amigos creativos, ir a media cuadra y encontrar una manifestación artística; respiras ese contexto aunque no lo quieras.

Me gusta ver que una pieza tenga un pedacito de cuero y desencadenar toda la idea del por qué está ahí, y ser testigo de la permanencia en el tiempo; quiere decir que mi trabajo va a trascender, que va a permanecer, y que si en algún momento se integra a la tierra, es posible porque es bastante orgánico. Por eso no me gusta usar tantos colores químicos, porque tengo la idea de que se pueda integrar al medio.

La talabartería es bastante noble, aunque ha sido contrastante con la idea del veganismo y el maltrato animal. Pero hemos encontrado el punto en que no se compra a rastros, sino a pequeños productores que quieren vender un animalito, el curtido es orgánico, no hacemos producción en serie. La idea es que no se pierda la esencia de la talabartería. Y tampoco estoy casada con que el material sea de animales, he escuchado que se está haciendo cuero de piña o de champiñones, y la verdad sí me gustaría probarlo e incluirlo más adelante, porque también es una manera de innovar y de experimentar, que a final de cuentas es una de las funciones de este taller. 

Agradecemos a Adriana el espacio y tiempo que nos regaló para platicar con Viernes Tradicional sobre su proyecto, su filosofía y su sentir.

Adriana comparte su conocimiento y pasión a través de talleres con diferentes temáticas, información que podrás encontrar en su página de Facebook, además de poder apreciar las piezas que van saliendo de la creación en su taller.

Facebook: https://www.facebook.com/xhiaruxxa/

Instagram: https://www.instagram.com/xhiaruxxa/