Ahora hablemos de apreciación cultural 24 - junio - 2019 Viernes Tradicional

En el transcurso de las últimas semanas hemos observado como se ha desenvuelto el caso de “inspiración” en la nueva colección de Carolina Herrera, polémico por la división de opiniones en torno a la apropiación de la iconografía presente en textiles tradicionales de diferentes pueblos originarios de México.

A pesar de estarse preparando una ley que proteja y vele por el patrimonio cultural inmaterial de las diferentes culturas del país, los casos de apropiación no han disminuido y parece que es un fenómeno lejos de terminar y que, a pesar de que en un futuro próximo se cuente con la protección tan necesitada y solicitada, de vez en cuando nos seguiremos topando con estos casos de “inspiración”, “homenaje” o “tributo”, los cuales esperemos no la tengan tan fácil y las leyes emitidas cumplan su cometido.

Con todo el caso, seguramente has leído o escuchado el término apropiación cultural o apropiación cultural indebida, términos empleados para hacer referencia al despojo de los elementos que enmarcar la cosmovisión de los pueblos originarios y que se transmiten a través de su arte popular y de generación en generación. El término y el número de casos es tal y tan recurrente, que va siendo tiempo de hablar también de apreciación cultural.

Detalle del vestido que forma parte de la nueva colección 2020 de Carolina Herrera.

En un texto publicado desde nuestra ONG impulsora, Impacto, se puede leer:

Gran parte de la polémica se ha enfocado en una sola pregunta: ¿Qué hay de malo en que Carolina Herrera tome los coloridos diseños Tenangos y opte por ponerlos en un vestido strapless? La respuesta no es sencilla.

Apropiación cultural, plagio, robo, inspiración, homenaje, tributo… La acción de la marca Carolina Herrera puede calificarse de distintas maneras. Sin embargo, desde ONG impacto y #ViernesTradicional nos interesa aportar al debate desde un enfoque más: la omisión. Efectivamente Carolina Herrera “tomó” los textiles tradicionales de los pueblos originarios mexicanos y los “puso” en sus prendas. Lo que NO hizo fue contactar, visitar, conocer, consultar a las comunidades que históricamente elaboran estos textiles los cuales, además de ser expresiones artísticas y culturales propias de los pueblos, son su medio de vida.

Si tomamos esto último y lo ponemos en los diferentes casos de apropiación, podemos ver que no hay un contacto o interés en el mundo de la moda actual por la cultura, cosmogonía e iconografía que ciertos diseñadores o marcas de la industria buscan plasmar en sus modelos o colecciones y al haber un ahorro de tiempo y brincarse un modelo colaborativo o de acercamiento, es más fácil etiquetar la “inspiración”.

Por otra parte, la apreciación cultural hace referencia justamente a la admiración y respeto por la cultura y sus elementos materiales e inmateriales, lo cual da pie a un inminente encuentro con las comunidades, relaciones colaborativas y de intercambio. Lo ideal si se quieren implementar elementos tradicionales en las colecciones u objetos.

Ahora bien, podrás preguntarte si esto no afecta a las pueblos involucrados o si hay o no quienes quieran entablar este tipo de relaciones, la respuesta no la tenemos nosotros, pues la última palabra y decisión la tienen los dueños de estos saberes, es decir, las artesanas y artesanos. 

Dentro de toda la polémica del caso Carolina Herrera, hemos tenido la oportunidad de conocer a Héctor Ali Jaime Hernández quien es artesano y coordinador de una cooperativa llamada Zana (que significa Luna en otomí) en Tenango de Doria, Hidalgo.

Héctor Ali, como muchos otros cientos de usuarios de las redes sociales hizo notar su punto de vista en diferentes publicaciones que enmarcaban la noticia de la nueva colección de la firma estadounidense. Nos acercamos a él debido a que su postura alude a una propuesta participativa.

Ver nuestros bordados en marcas y diseños alrededor del mundo me llena de mucho orgullo, me alegra ver nuestro arte como fuente creadora de moda o innovación, sin embargo, el problema es que no son los bordados auténticos porque nosotros no intervenimos en el proceso.

La idea de los diseñadores es buena, pero sería increíble que en los procesos de elaboración incluyeran las técnicas originales y con ello a las comunidades con sus respectivos créditos.

Cuando se presentan este tipo de situaciones, hay quienes llegamos a tener una sensación de sentimientos encontrados, por un lado se siente la emoción de saber que nuestro arte se da a conocer y que de una forma hasta nos sirve de promoción, pero es inevitable sentir también enojo y tristeza por que la industria de la moda no ve nuestra cultura, pues es importante reconocer y apreciar que somos más que colores y animales pintados o impresos. Somos historia, somos tradición, somos amor, somos esfuerzo y somos parte de una cultura. 

Si en la cooperativa replicamos el mismo vestido Carolina Herrera, es decir, el mismo patrón, pero agregando nuestros diseños tradicionales, ahí nos acusarían a nosotros y seguramente habría una demanda directa que por desgracia sí procedería.

Tal y como lo menciona Héctor, la idea no es mala, sin embargo, el proceso y el resultado final no es el ideal. 

La apreciación cultural no es un fenómeno nuevo. Existen diseñadores nacionales incluso internacionales que han puesto su interés y trabajo colaborativo en diferentes pueblos originarios para llevar las técnicas y la iconografía tradicional a diseños de índole contemporáneo. Incluso Carolina Herrera estableció una colaboración con artesanos de Tenango de Doria, Hidalgo en el año 2015. La experiencia no era ajena para ella, aunque posiblemente sí para su equipo actual.

Bolsa producto de la colaboración entre artesanos de Tenango de Doria, Hidalgo y la diseñadora Carolina Herrara en 2015. Fotografía de «Amigos del MAP».

Apreciar la cultura no es un llamado a la acción únicamente para los diseñadores y el mundo de la moda, es una invitación para que todos sean parte de la revalorización del patrimonio cultural material e inmaterial, el primer paso para no incentivar o aplaudir el despojo y el desarraigo a la cultura.

#ElOrigenSíCuenta