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Por Miguel Ángel Sosme Campos

 

 

 

En la zona centro suroeste del estado de Veracruz, en la región conocida como las Altas Montañas se alza imponente la Sierra de Zongolica, área cultural y geográfica que alberga uno de los principales núcleos de la cultura náhuatl en el Oriente de México y donde hoy, pese a la influencia  de los centros urbanos de la región, las políticas integracionistas, la migración y el influjo de los medios masivos de comunicación, persiste un fuerte vigor cultural que convive con los acelerados cambios que la “modernidad” suscita.

 

En este contexto, el arte de hilar y tejer ha constituido una labor económica, doméstica y creativa íntimamente asociada a la feminidad cuyo origen se remonta al periodo precolombino. Sabemos por diversas fuentes que durante la época prehispánica, eran las mujeres macehuales las responsables de tejer las mantas de algodón que habrían de tributarse a los señoríos de la Triple Alianza, hecho que revela el valor simbólico y utilitario de la actividad textil, así como el papel que las mujeres de la región desempeñaron en el sostenimiento económico de los imperios a través de su trabajo manual.

 

Como antaño, de madres a hijas y de abuelas a nietas, las indígenas de Zongolica transmiten  los conocimientos heredados de sus ancestras, mujeres diestras en las artes del tejido quienes recibieran, según las leyendas locales,  los malacates  y los telares de las manos de la diosa “Tonantzin”, la primera divinidad que tejió y que compartió con las mujeres de la tierra, los más valiosos secretos del telar de cintura.   

 

A través de los textiles, las tejedoras de la región han plasmado su visión del mundo: la flora, la fauna y el cielo aparecen representados  en elementos iconográficos de diverso color que en muchos casos se asocian a la feminidad y la reproducción. Igualmente, en cada prenda el espectador puede apreciar la reproducción plástica del  entorno así como la interpretación que cada tejedora hace de su realidad: “pollitos”, perros, guajolotes, estrellas y rosas emergen en  delgados lienzos de algodón que según las tejedoras, representan a la víbora que se ciñe al cuerpo, aquella que las culturas precolombinas asociaran a la gestación y al parto y que se empleara como símbolo de la fecundidad y de la feminidad misma.

Fajilla hecha en telar de cintura que representa la feminidad y fertilidad. Fotografía de Tejedoras de la Sierra de Zongolica.

 

 

En el contexto Mesoamericano, la serpiente se asociaba a la reproducción; “Cihuacóatl” o “mujer serpiente”, era la divinidad mexica protectora  de la gestación y de las mujeres muertas al dar a luz. Algunas culturas la representaban ataviada con un refajo de algodón que era sostenido por un cinto de víboras, mismo que hoy es personificado en las fajas  labradas por las mujeres de Zongolica. En este sentido,  la faja personifica el cinto de  culebras usado por las diosas de la fecundidad, y todos  los elementos iconográficos  que en ella se imprimen, constituyen las “manchas” que las serpientes albergan sobre su piel.

 

De este modo, los cintos elaborados por las indígenas de Tequila Y Atlahuilco, se atan a la cintura de cada mujer recordando el carácter macehual (indígena), reproductivo y en general, femenino de su portadora; pues como antaño, mantienen un valor simbólico por el que se comunica la identidad, la adscripción y el origen tanto étnico como genérico de quien lo porta.

 

Asimismo, la pervivencia del tejido artesanal en esta región ha sido posible entre otras cosas, por el aislamiento cultural y geográfico  en el que los nahuas han subsistido durante siglos. Autoras como Mejía (2003), han señalado que las condiciones de marginación en la que subsistieron los nahuas, hicieron de las comunidades macehuales espacios cerrados de significado en donde la actividad textil mantuvo anclajes en las distintas áreas de la vida social, no sólo en el universo simbólico, sino  también en ámbitos de la realidad económica a la que se enfrentan los núcleos  domésticos (Mejía, 2003: 104).

 

En este sentido, debemos destacar que han sido las propias mujeres indígenas, las principales responsables de mantener vigente la tradición con sus respectivos significados; en los cuales se advierten, además de la mezcla de culturas, los valores, principios y representaciones que sustentan el universo mítico de los pueblos mesoamericanos.

Mujeres artesanas de la Sierra de Zongolica trabajando la lana. Fotografía de Tejedoras de la Sierra de Zongolica.

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