Continuando con el tema del huipil de cadenilla y las implicaciones en su elaboración, la historiadora de arte, Manuela López Mateos nos acompaña y adentra en los detalles de una de las prendas más usadas y característica de la indumentaria artesanal en México.

En la entrega pasada de este artículo, conocimos sobre la llegada de la puntada al huipil y cómo fue evolucionando (para leer la parte 1, da click aquí) ahora nos adentraremos en el proceso de su elaboración.

 

Fotografía antigua en la que se puede apreciar a la mujer de la izquierda usando un huipil unido por la puntada de cadenilla. Fotografía facilitada por Manuela López Mateos.

 

 

La elaboración del huipil

 

Para hacer un huipil de cadenilla se utilizan dos lienzos de tela industrial, una tela que lucirá de frente; las más comunes eran terciopelo en colores verde botella, azul marino, negro o muselina que llegaba en color vino con pequeñas flores blancas, posteriormente se adaptó piel de ángel, una tela que ha escaseado muchísimo en la zona y en la actualidad hay una enorme variedad, en su mayoría telas sintéticas. El segundo lienzo suele ser de un algodón muy barato, una popelina, algo ligero pues esta tela es la que queda al interior del huipil, en la región le llamamos “forro” y tiene dos finalidades: la primera es servir de soporte a la cadenilla pues es un bordado que pesa mucho y la segunda es mantener fresco el torso pues el Istmo es una región muy caliente. Una vez juntos ambos lienzos se hacen las marcas en el forro.

 

El huipil es una pieza que se borda en “negativo” o al revés, esto quiere decir que la bordadora no ve como van quedando los patrones de enfrente hasta que termina su trabajo, es por esto que las marcas se hacen en el forro.

Máquina de cadeneta con la que se bordan los huipiles.

 

En huipiles muy antiguos, estas marcas eran imperceptibles y solo le daban ciertos puntos de ubicación sobre el lienzo a la bordadora, entonces ellas proyectaban las medidas, divisiones y distribución de colores, pero todos estos conteos eran mentales. Como si imaginaran las figuras de un caleidoscopio y las fueran pintando, pero con la maquina como su pincel.

 

En la actualidad estas marcas guías son muchas más y ya no se tiene tanto dominio del espacio, así que si tienen un hipil moderno y lo voltean, podrán ver las marcas de pluma a manera de rayas, cuadros y triángulos. Una vez marcado el huipil se empieza a deslizar la tela bajo la aguja de la maquina, a manera de vaivén, aunque los hilos tradicionales son en color amarillo, rojo y negro, ahora hay una posibilidad infinita de hacer las combinaciones pues se ofrecen hilos de todos los colores. Es indispensable para el trabajo de la bordadora poder controlar la tensión que tendrán los hilos sobre la tela. La tela no debe quedar fruncida a la orilla de cada cenefa (o golpe) ni la cadenilla debe tener las puntadas flojas. Las personas que se dedican a bordar cadenilla trabajan entre 2 y 6 horas al día pues lo común es que tengan otras actividades económicas, se puede hacer un huipil en una semana o en dos meses, esto depende de la urgencia y el estilo del huipil o el traje.

 

La señora Manuela, abuela de Manuela López Mateos, usando un huipil de cadenilla. Fotografía de @bupu_cortes vía Instagram.

 

Manuela López Mateos usando el huipil de su abuela (mismo que porta en la fotografía anterior), donde se puede apreciar el uso de los colores rojo, amarillo y negro. Fotografía de @bupu_cortes vía Instagram.

 

 

Variantes del huipil

 

En estructura, los huipiles del Istmo de Tehuantepec son iguales, lienzos rectangulares de tela industrial con hilos de poliseda (aunque se refieran a ellos como hilos de seda) y patrones geométricos distribuidos ordenadamente a lo largo y ancho del torso. Sin embargo, cada pueblo tiene su manera de portarlo, en San Blas Atempa (zapotecas) y en la región Ikoot se usa muy corto, casi al ombligo pegado al cuerpo, el cuello de los huipiles en San Blas tiene la amplitud de los huipiles de Juchitán, Ixtaltepec, Xadani contrario a los de San Mateo, San Francisco o San Dionisio (Ikoots) en donde meter la cabeza al huipil es muy complicado pues prefieren que el cuello quede muy cerrado.

 

En San Juan Gichicovi (que por el momento es el principal centro productor de huipiles de cadenilla) las mujeres mayores aún usan lienzos elaborados en telar de cintura en color rojo o morado (emulando los colores que da la cochinilla) con la cadenilla en dos líneas verticales paralelas. En Juchitán, Ixtaltepec, Tehuantepec y otros poblados muy cercanos la cadenilla hace 3 cuadrados y es exactamente igual al frente que en la espalda.

 

En el mercado de Juchitán las mujeres de la región ubican perfectamente de donde vienen otras mujeres tan solo por observar como usan el huipil: “Biìya´, huave laàbé” (expresión zapoteca que significa: “Mira, esa es huave”).

 

 

 

Agradecemos a Manuela López Mateos por permitirnos colaborar en el tema del mes y dejarnos conocer la historia y elaboración del famoso huipil de cadenilla.

 

 

 

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