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Mucho espacio y temas hay sobre las colaboraciones entre diseñadores y artesanos, una práctica que crece día a día y en la cual hay que poner mucha atención con las prácticas justas y el comercio ético, sin embargo, poco se dice de las colaboraciones entre artistas visuales y artesanos y cómo se desarrollan, cuales son sus objetivos y cómo evolucionan con el paso de los años.

 

El pasado 21 de junio, el artista Carlos Barrera Reyes, presentó una charla en el Museo Textil de Oaxaca titulada “Prácticas colaborativas en el arte contemporáneo a través del teñido con tintes naturales y el tejido en telar de cintura” donde expuso su trabajo y trayectoria en el mundo de los tintes naturales. En #ViernesTradicional nos acercamos a Carlos y tuvimos la oportunidad de tener una plática sobre su trabajo y el modelo colaborativo que lleva con las artesanas de Los Altos de Chiapas.

Doña María Patishtan, artesana de San Juan Chamula tejiendo en telar de cintura en compañía de Carlos Barrera.

 

Yo estudié dos carreras, Artes Visuales y Mercadotecnia al mismo tiempo. En este periodo, me gané una beca para irme a estudiar marketing a Nueva York y allá conocí a la artista mexicana Laura Anderson quien me invitó a trabajar en varios proyectos colaborativos, mismos en los que tiene mucha experiencia, después trabajé medio tiempo en el Consulado de México en el área cultural y de repente estaba inmerso de todo el arte y la cultura, entonces, cuando regresé a México venía con la decisión de hacer mi maestría en Artes Visuales y entré a la Antigua Academia de San Carlos donde conocí a Leticia Arroyo, quien me enseñó a hacer tintes naturales cuando entré a uno de sus talleres; mi idea era trabajar textiles y tenía en mente un proyecto con la técnica de golpeado en henequén con la que más adelante hice una falda y Leticia Arroyo me sugirió que la tiñera con tintes naturales, me enseñó y me encantó. Desde ese entonces me enamoré de los tintes naturales y no he parado de hacerlos; ya llevo 15 años trabajando con esta técnica.

 

Trabajé muchos proyectos, entre ellos un taller de 3 meses con mujeres que sufrieron de abuso sexual. Las actividades eran variadas y el objetivo era que ellas pudieran expresarse a través del arte. Casi al finalizar el taller, me encontraba un poco atorado con la actividad o proyecto final de cierre y platicando con Leticia Arroyo le comenté que el grupo de mujeres se llamaba “Mariposa”, así que ella me recomendó leer el libro Presencia Maya de Walter F. Morris por la relación que tienen muchos pueblos de Los Altos de Chiapas con las mariposas y el libro El Caracol Púrpura de Marta Turok por la relación de la técnica de teñido. Inmediatamente me fui a una biblioteca, leí los libros e ideé una actividad que presentamos en la Alameda Central de la Ciudad de México, además de que la lectura fue el empujón para dar el brinco de la capital del país a San Cristóbal de Las Casas.

 

Gracias a que ya había trabajado con Laura Anderson y aprendí mucho sobre las colaboraciones, conocía la manera de acercarme a las comunidades, además de que ya había gestionado algunas expo-ventas en la Ciudad de México y conocía a varias artesanas de Los Altos.

 

Las primeras comunidades en las que trabajé en Los Altos de Chiapas fueron Zinacantán, Venustiano Carranza y San Andrés Larrainzar y con los años se han sumado Magdalenas, San Juan Cancuc y Pantelhó.

Fidencia, artesana de San Andrés Larrainzar tejiendo su telar con hilos de tintes naturales teñidos con la planta palo de Brasil. Fotografía de Carlos Barrera.

 

Las primeras visitas que hice fueron para conocer a las mismas artesanas, sus familias, conocer su trabajo, en fin, vincularme con ellas.

 

Al siguiente año hice un segundo viaje donde yo ya tenía una idea de lo que quería hacer con las artesanas y los tintes naturales, pero al llegar vi que ningún grupo de ninguna comunidad trabajaba la técnica de tintes naturales y me enfrenté a realmente conocer su día a día, por ejemplo, recuerdo mucho una artesana de Venustiano Carranza que trabajaba en el día en una tortillería y sólo en las noches tejía; obviamente ella no tenía tiempo para que hiciéramos todo lo que llevaba en mente con mi proyecto y la verdad es que yo me empecé a hacer chiquito y no podía hacer nada, incluso me llegué a deprimir porque cuando uno va a las comunidades cree que las artesanas tienen su pequeño taller y trabajan los textiles en la mayoría del tiempo y la verdad es que no es así; hay muchos factores, circunstancias y todas las tejedoras son diferentes. Aunque con el grupo que llegué a Zinacantán se dedican exclusivamente al textil, las mujeres tejen todo el día y ellas ya tienen detectado que es lo que se vende y lo que no, entonces no hacen otra cosa porque ya tienen detectado que es lo que les deja en las ventas y van dejando de lado otros tejidos que valen la pena preservar.

 

En ese viaje no se pudo concretar el proyecto de trabajar los tintes naturales y le di carpetazo. Durante el año siguiente le di vueltas en mi cabeza a la situación y dije “no lo puedo dejar así y no puedo vencerme tan fácil, tengo que hacer otro viaje”, así que planeé mejor mi viaje y actividades, llegué a Los Altos de Chiapas y me volvió a pasar lo mismo por segunda ocasión. Las circunstancias eran muy complicadas y volví a dar carpetazo.

 

Un año después hice un tercer viaje y en esa ocasión si se pudieron concretar las colaboraciones.

 

Las primeras piezas que salieron de las colaboraciones fueron de Venustiano Carranza donde usamos hilos teñidos; con las artesanas de Zinacantán fue un poco diferente porque ellas no quisieron hacer tintes naturales, usamos hilos comerciales para bordar unos huipiles de manta, pero después de 10 años, ahora si vamos a trabajar el teñido.

 

 

Continuará.

Huipil de manta bordado a mano por artesanas de Zinacantán, Chiapas en colaboración con Carlos Barrera. Fotografía de Carlos Barrera.

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