Por Manuela López-Mateos Cortés.

 

La más sutil de las herramientas creadas por el hombre. Silenciosa y al mismo tiempo la más notoria. Somos nosotros su voz y su aparador, a cambio, ella nos presenta: la indumentaria.

 

Surgió como todo lo que surge de la mente humana, de una necesidad; de la fundamental necesidad de ampararnos. Así como la gran mayoría de las especies, la protección no es lo único relevante, la belleza es igual de indispensable. Tomamos todo los colores, todas las figuras, todos los sonidos que nos rodeaban y los imprimimos en la ropa que nos protegía. Las cosas que el tiempo nos enseñó, el dictado de las estrellas y los tiempos del clima los comprendimos para adaptarlos a nosotros por medio de nuestros vestidos.

 

Afortunadamente en México existe un sinnúmero de poblados que aún preservan las técnicas con las que originariamente han elaborado su indumentaria, a pesar de la avalancha de intercambios culturales que se dan con el “mundo moderno” estos grupos mantienen su manera peculiar de atavío. No solo en su estructura física sino en su manera de usarla. La función social que cumple esta ropa es bastante rigurosa desde el nacimiento y hasta la muerte, marcan soltería, viudez, juventud, embarazo, etc, etc. La cultura del desecho textil no es nada común. Un solo huipil en algunas ocasiones es usado durante la mayor parte de la vida de una mujer, en otros casos se heredan a las hijas, las nietas o las hermanas y es lo usual ya que la elaboración de cada pieza es un proceso bastante complejo, es por eso que el huipil que ha acompañado a una mujer es una pieza sumamente íntima, muchas personas se refieren a las piezas textiles como “una segunda piel” y lo es!! No sólo porque vaya sobrepuesta, un huipil está empapado del aroma de su dueña; como un confidente, ha recibido lágrimas y alegrías extremas. A sus portadoras, las han reconocido sólo por verlas vestidas y estas piezas las han acompañado en los caminos del diario o en los desconocidos, como la muerte. La pieza indispensable para que sus seres queridos las reconozcan en el “más allá”, es su huipil.

 

Un huipil es un hogar, pero también es un documento, un documento que vive y palpita a través de sus materiales, sus figuras y sus colores. Un documento que habla del pasado y muestra el presente. Como un ente vivo, evoluciona.

Artesana de San Juan Cancuc tendiendo huipiles de diferentes épocas y géneros. Fotografía tomada por Renata Patrón para Impacto Textil.

 

Hace unos días, me mostraron un video en el cual tres mujeres toman en sus manos una piezas extraordinaria, un huipil de San Juan Cancúc, Chiapas. Elaborado en telar de cintura, una infinidad de rectángulos de colores se van brocando y concentrando en la sección que ocupará la espalda y el pecho; la aglomeración de colores es una fiesta para los ojos, la geometría que brota de estos huipiles viene de un mundo fantástico, estos rectángulos son enmarcados por el resto del lienzo en color blanco o crudo que los hace mucho más notorios. Estas secciones también son tejidas en telar de cintura, su blancura no demerita técnica ni significado.  Dos de estas mujeres sujetan el huipil, mientras una tercera separa con unas tijeras inmensas la parte blanca del lienzo de la parte de colores. El brocado geométrico separado, será unido a chamarras de mezclilla…. Silencio.

 

Ellas se hacen llamar Collectivo o @OurCollectivo en Instagram, el pie del video aclara “Bello, pero desgastado, se dirige a su próxima vida. Salvando cada parte reusable”.

Toma fotográfica del video publicado en la cuenta de la marca en cuestión.

 

Lamentablemente este huipil no se está dirigiendo a su siguiente vida. Está siendo saqueado e interrumpido.

 

Chiapas es sin duda uno de los estados más pobres del país. Que gran ventaja para las compradoras de estos huipiles, que, sin duda alguna, superan en solvencia económica a las mujeres de quien adquieren estas piezas. De manera hilarante señalan las reacciones que las mujeres de Cancúc muestran cuando les hacen la oferta.  

 

“Dame tu piel, véndeme tus recuerdos, olvídate, comprate uno nuevo”, la invasión sin medidas, el mundo del “total que, ni importa”. Les pregunto a ella: ¿como es el proceso de la compra?, ¿cómo hacen para convencer a las mujeres?, ¿cuáles son sus argumentos para desprender a las mujeres de su vestimenta?, ¿qué precio pagan o les parece suficiente para destruir un documento?, ¿qué pasa una vez que logran comprar el huipil?, ¿cómo y con qué lo reemplazan?

 

Collectivo parece (hasta antes de las chamarras), un grupo de mujeres estadounidenses que trabajan diseñando con tejedoras, diferentes piezas de decoración y vestido. ¿Por qué no acudieron al mismo método para lograr las secciones de brocado que les interesa?. Una alianza más con tejedoras de Cancúc habla de una intención de respeto y colaboración.

Al existir una colaboración ética con artesanos, se crean los canales que llevan al comercio justo como el caso de colaboración entre Impacto Textil y la diseñadora Andrea Velasco. Fotografía de www.impacto.org.mx.

 

En su página web anuncian las chamarras con los trozos de huipil ya incorporados, el precio de cualquiera es de $294 UDS ($5,586 MNX). Me pregunto, ¿a qué precio compraron los huipiles “desgastados” entonces?.

 

“Tenemos en el equipo una amante de los viajes, una decoradora de interiores y una profesora de estudios de género… Todas amantes de México y su arte popular” (según ellas mismas se describen en su página web). Cómo es ser mujer en el mundo cuando te otorgas el derecho de interrumpir la evolución de unas, con el poder de tomar lo que necesitas para así empoderarte y progresar?. Dónde está el diseño implementado?, ¿y la colaboración con las artesanas?, ¿y el comercio justo?.

Adaptaciones de los huipiles de San Juan Cancuc en chamarras de mezclilla.

Una vez más nos enfrentamos al terrible vacío de leyes que protejan las costumbres. Plagio, robo y saqueo es una realidad constante a la que se enfrenta la producción de indumentaria tradicional.

 

La indumentaria evoluciona y se modifica. En muchos casos no se ha podido mantener el estilo de antaño y esto no está mal, como mencioné antes, ella comunica. Sin embargo, su evolución le pertenece a sus creadores, a sus amigos, a sus guardianes.